Mostrando entradas con la etiqueta Dentista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dentista. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de agosto de 2010

Mi experiencia en el dentista (y IV)

1ª Parte - 2ª Parte - 3ª Parte
Durante unos meses los implantes tuvieron que asentarse en el hueso, y todo iba bien, hasta que en una visita rutinaria el dentista advirtió que uno de ellos no tenía la solidez suficiente, por lo que optó por cambiarlo de posición unos milímetros más adentro. Si me pusieron 9 de golpe, uno sólo iba a ser una chorrada.
Fue la última complicación que tuve, al margen de que finalmente me certificaran que los implantes de arriba no iban a ser fijos-fijos, como ya suponía desde un principio: apenas tenía encía en donde deberían ir las palas, por lo que optamos por una solución intermedia. Sobre los implantes superiores iban a fijar una barra que recorrería toda la dentadura superior, y sobre esta barra irían los dientes en sí, una especie de dentadura postiza pero sin apenas paladar artificial, que iría sujeta a la barra mediante unos clics. El tenerlo asumido hizo que no me llevara mal rato. Sólo quedaban las dudas de las sensaciones que tendría una vez cada piño en su sitio...

Durante las siguientes semanas fueron rematando los implantes. Comenzaron con el más sencillo, una única pieza en la parte inferior derecha de mi boca. La sensación fue un tanto rara, parecía un diente gigante, supongo que el hecho de haber tenido en ese mismo sitio un hueco durante meses hizo que lo sintiera enorme. El dentista me dijo que en dos días no notaría nada....cómo se lo sabe el cabrón! A los dos días, el diente ya era "mío" completamente. Dos semanas después, sobre los dos implantes inferiores izquierdos me colocaron una colección de cuatro molares con los cuales tuve las mismas sensaciones que con el del lado derecho: en dos días, míos por completo. Ah! Se me olvidaba. Nada de anestesia desde la recolocación del último implante. Nada de daño, nada de molestia.

Y por fin llegó el día más esperado, el de la colocación de la parte superior. Fue mi visita más corta: entrar, abrir la boca, colocar, tirar a la basura el postizo y a casita. Al principio, como todo, se te hace raro, y esta vez tardé un poquito más a acostumbrarme. Pero en un par de semanas, en el único momento en el que soy consciente de que tengo implantes es cuando voy a lavármelos. Y es que ese es el único momento del día en el que los tengo que quitar. Duermo con ellos, no se mueven en absoluto, me puedo tirar de cabeza a la piscina sin miedo...y lo mejor de todo: mastico a la perfección. Estoy encantado.

El precio final....rondando los 12.000 euros, muuuuuy lejos de los 22.000 que me presupuestaron en Vital Dent. Espero que esta experiencia le sirva a alguien que se vea en una situación parecida (que ojalá no tengáis nunca este problema, pero si lo tenéis, ahí va mi aventura).

viernes, 28 de mayo de 2010

Mi experiencia en el dentista (III)

1ª Parte - 2ª Parte
Ya no había marcha atrás. Aunque hubiera querido, mi boca estaba la pobre ya en las últimas, con huecos visibles y con dientes deseando separarse de mi cuerpo. Tuve que superar todos mis miedos el primer día que fui a iniciar el tratamiento. Afortunadamente, recuerdo que llegué unos minutos tarde porque acababa de terminar la semifinal del torneo de baloncesto de los Juegos Olímpicos de Pekín que clasificaba a España para la final, por lo que llegaba en un estado casi de euforia. Tras hacerme un molde para la dentadura provisional, procedieron a extraerme los dientes afectados, un día los de la parte de arriba, y una semana después los 4 que me quitaron de abajo. Tengo que reconocer que probablemente fue mi peor experiencia...infinitos pinchazos de anestesia, muelas que se resistían a abandonarme...y lo peor de todo, el cosido final, con mi boca a la que ya no le hacían efecto nuevas dosis de anestesia. Fueron dos largas horas bastante duras, pero había que pasar por ello...

Tuve que acostumbrarme a llevar un pedazo de plástico con forma de dentadura provisional durante largos meses, un postizo que era más bien estético, porque en la práctica resultaba casi imposible masticar con él. Pero lo bueno es que no me notaba diferente de aspecto, y creo que la gente que me rodea tampoco, por lo que no me costó hacer una vida normal, cuyas variantes con mi vida anterior se ceñían al tipo de comida a ingerir, todo blandito, ya que comía sin la prótesis. De todas formas,e s curioso lo que se puede llegar a masticar sin piños. Poco a poco fui incorporando nuevos alimentos, y salvo carnes rojas y algún que otro alimento imposible de tragar sin desmenuzarlo bien, llegué a comer de todo.

La siguiente fase fue la colocación de los implantes. Aquello sí que me acojonó un poco, porque el dentista se refería a ello como "intervención quirúrgica", y yo no había pisado jamás un quirófano. Pero todo fue de maravilla. Salvando el miedo que me dio entrar a una sala con los doctores y enfermeras con batas y gorros verdes, todo lo demás fue bastante bien. Ni siquiera la anestesia me molestó tanto como otras veces. Lo peor: dos horas con la boca abierta, que acabas agotado. Impresiona, eso sí, oir cómo te taladran el hueso, que tienes la sensación que te están metiendo en la boca una broca del 12, cuando en realidad el instrumental es enano. Es curioso, de todas formas, cómo puedes llegar a controlar mentalmente tus miedos. Recuerdo que ese día fui convencido de que todo lo que me iban a hacer era en beneficio mío, por lo que no tenía que pasar miedo, y sabía que estaba en buenas manos. Y salí tan relajado que hasta el propio cirujano se quedó anonadado. En dos horitas, 9 implantes de titanio se hacían un hueco en mis encías.

(continuará)

sábado, 8 de mayo de 2010

Mi experiencia en el dentista (II)

(Leer 1ª parte)
Al día siguiente regresé temprano, para discutir los presupuestos con la dentista. No habían empezado a pasar consulta todavía, y pedí hablar con ella 5 minutos. La enfermera entra a avisarla, y sale al poco rato, diciéndome que ahora no me puede recibir. Le digo entonces que me de hora para hablar con ella, a lo cual me responde que cualquier cosa se lo podría transmitir a ella, que se encargaría de decírselo a la doctora. O sea, que yo, dispuesto a dejarme mi sueldo de año y medio en arreglarme la boca y ni siquiera se dignaron en darme explicaciones...aquella fue la última vez que entré a Vital Dent.

Claro está que el problema seguía ahí, y no podía dejar pasar más tiempo. De camino a casa recordé la clínica que habían puesto pocas semanas atrás justo en frente, y decidí entrar a ver. Dicha clínica la llevaban (la siguen llevando, de hecho) un chico y una chica jóvenes, que semanas después descubrí que eran bolivianos, un pequeño matiz que quizás me hubiera echado atrás de haberlo sabido antes de cruzar la puerta, cometiendo un gran error. Y es que desde el primer momento que entré me trataron de maravilla. Me pasaron casi al instante, me revisaron la boca, diente por diente durante 45 minutos, 44 minutos y 30 segundos más que en el otro lado. Me hicieron radiografías totales, parciales, dieron mil y una vuelta a la situación...comparado con Vital Dent, el día y la noche.

Tras la pesada aunque poco molesta revisión, me pasaron a un despacho para explicarme la situación y darme presupuesto. Visto lo visto, llegué a tener claro que fue bonito mientras duró, ya que si en el otro lado, con fama de baratos, me habían presupuestado entre 18 y 22.000 euros, lo de aquí me iba a dejar temblando. Pero cual fue mi sorpresa cuando, en primer lugar, me dicen que van a intentar salvarme casi toda la dentadura inferior (la cual por cierto sigue aquí, vivita y coleando en mi boca) y me plantean de nuevo dos presupuestos...iba a despertar de mi sueño cuando de repente le oigo decir a la doctora...

-Mira, si lo hacemos así, te sale por 9.000 euros, y si lo hacemos de esta otra manera, por 13.000....

De no haber estado mirando los papeles mientras me lo decía le hubiera tenido que pedir que me lo repitiera. No me lo podía creer. No sólo iban a salvarme una buena parte de mi dentadura, sino que, además, en el peor de los casos, me iba a salir 9.000 euros más barato!!! Quizás lo inteligente hubiera sido ir a buscar una tercera opinión, pero me sentí tan bien tratado que firmé en el momento. De lo cual no me arrepiento en absoluto....

(continuará)

jueves, 6 de mayo de 2010

Mi experiencia en el dentista (I)

Todo comenzó en el verano de 2008. Mi maltrecha boca dijo basta, después de alguna que otra muela perdida por el camino, uno de mis colmillos amenazaba con seguir la estela de aquellas. Y el hueco que estaba dispuesto a dejar sí que se iba a ver a kilómetros de distancia, por lo que no me quedó más remedio que, por primera vez en mi vida (algo de lo que por supuesto no me enorgullezco) visitar a un dentista. Y claro, te encuentras perdido. ¿Dónde vas? Lo mejor, como siempre, preguntar a los que te rodean. Mi cuñado me recomendó ir a Vital Dent, pero preguntando por la dentista que a él le atendía, que, según él, era una maravilla. Y, por supuesto, te fías de la familia, y conciertas una primera visita acompañada del susodicho para que te echen un vistazo preliminar.

Cuando no tienes con qué comparar, cualquier cosa que te dicen te parece normal. Y allí fui yo, a primera hora de la mañana de un tórrido día del mes de agosto, a que me diagnosticaran. Llegué, abrí la boca, la dentista (que poco después supe que había sido jugadora de uno de mis equipos cuando era entrenador de baloncesto, y que no me reconoció...y yo a ella tampoco) me miró por espacio de 30 segundos la piñata, me hizo una radiografía, y el resultado fue: TODO FUERA. Así, por las bravas. La verdad es que iba preparado para que nada me sorprendiera, pero un diagnóstico tan tajante....

Bueno...al menos estoy en una clínica de todo a cien en la que, por lo menos, mi bolsillo no se iba a ver demasiado afectado. Paso a su despacho, y espero a que me elaboren un presupuesto...y, a falta de uno, me encuentro con dos: el barato y el caro. Dependiendo del tipo de implantes que me quisiera poner, el precio oscilaba entre 18.000 y 22.000 euros. Por si no suena demasiado contundente, lo diré en pesetas: entre 3.000.000 y 3.600.000 pelas. Y yo esperando un...que no, que es broma!! que, por supuesto, no se produjo.

(continuará)