Quienes me conocéis un poquito sabéis que soy un culé redomado, de los de toda la vida, de los que gozan cuando el Barça gana y cuando el Madrid pierde, de los que gritan a todo pulmón los goles de Messi y de los que se ríen cada vez que el clan de los portugueses hace una de las suyas en el eterno rival. Todo ello viene a tenor de los últimos acontecimientos acaecidos en Cataluña, donde los aires de independencia resoplan más que nunca.
Las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene una. Y en este caso, la mía dista mucho de estar a favor de un estado independiente catalán. Pero por otro lado, allá cada uno, pero parece que nadie se ha parado a pensar en las consecuencias que acarrearía la separación del Estado Español. Y hablando en términos deportivos, supondría la exclusión inmediata de los equipos catalanes de las competiciones españolas. Por mucho que se empeñe Rosell en compararse con el Mónaco, el caso que nos atañe es mucho más complejo, ya que la decisión, en todo caso, no la tomaría el club azulgrana, sino la Federación Española de Fútbol, y la legislación actual impide inscribir a equipos extranjeros en la competición nacional.
Y es que parece que los independentistas quieren sólo lo bueno de ser independientes, es decir, ser considerados un estado, no depender de otros países a la hora de legislar, de regular sus impuestos, de mostrarse ante el mundo como una nación, pero, a ser posible, quedarse en el euro, seguir perteneciendo a la Unión Europea, solicitar previamente 5.000 millones de euros de rescate al estado español y que, por supuesto, que no cambie nada en lo referente a las competiciones deportivas. Somos catalanes, pero no tontos. Es como el joven que se va de casa para vivir solo pero va a comer todos los días a casa de sus padres, su madre le lava la ropa y su padre le da la paga. No hijo, no.
Y, como culé, me jode decir estas cosas, pero el Barça tendría que resignarse a jugar la Liga de Catalunya. Pero no sólo el equipo blaugrana, sino también el Espanyol, el Sabadell, el Terrassa y el Fútbol Club Sant Quirtze del Vallès. Y sería una grandísima putada para esta liga española de dos equipos y 18 comparsas, pero es lo que hay. Cuando se toma una decisión como la de independizarse de un país, hay que llevarla hasta sus últimas consecuencias, y asumir que ya no somos bien vistos en el extranjero. Todo ello sería la ruina del equipo culé, dada la imposibilidad de mantener las fichas de sus jugadores debido al abrumador descenso de ingresos.
Y no quiero entrar en el tema económico, porque nos llevaría horas, sólo recalcar que serían muchas las empresas que tomarían las de Villadiego ante tal situación. Por supuesto, la UE pondría al nuevo país en el furgón de cola para entrar a formar parte como miembro, con lo que ello conlleva, y deberán establecerse puestos fronterizos con España, ya que no será posible la libre circulación de personas, con lo que ello perjudica al turismo catalán, amén de la animadversión de una gran mayoría del pueblo español, que verían una afrenta el hecho de la independencia, y que dejarían automáticamente de consumir productos catalanes y de veranear en Salou.
¿Realmente se han planteado los catalanes las consecuencias de tamaña decisión? Yo creo que no.
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jueves, 4 de octubre de 2012
miércoles, 28 de julio de 2010
En Cataluña ya no matan toros...sólo les ponen bolas de fuego en los cuernos
No nos engañemos. Lo que hoy han decidido sus señorías del Parlamento de Cataluña no es la abolición de las corridas de toros. Simplemente se ha prohibido un símbolo españolista, en aras del objetivo final de unos cuantos, que no es otro que la independencia de Cataluña. No se trata de ecologismo, no se trata de ponerse a favor del animal y de sus ¿¿derechos??, nada de eso. Se trata de erradicar todo lo que suelte tufillo a español. Sigue la línea marcada desde hace años por los independentistas catalanes de eliminar de su espacio vital toda referencia a la cultura invasora, con estupideces del calibre de la solicitud de prohibición de venta de muñecas flamencas y toritos en las tiendas de souvenirs, como un consejero ha recordado esta mañana en TV3.Más de uno y más de 20 de los que esta mañana han apretado el botón del sí en la votación, este fin de semana se irá de pesca con sus hijos, se comerá para cenar un solomillo con foie y ansiará la apertura de la temporada de caza, matando el rato corriendo delante de toros atados a una cuerda con grandes bolas de fuego pegadas a sus cuernos en las fiestas de su pueblo. Que todo eso no es crueldad animal.
Hay mucha hipocresía en todo esto. Ningún parlamentario pone el grito en el cielo porque alimenten compulsivamente a ocas para hacerles crecer el hígado hasta casi reventarlos para después sacrificarlos. Curiosamente resulta más cruel que un animal viva cinco años en libertad a cuerpo de rey para luego morir en la plaza tras una lucha, desigual, si quieres, pero lucha de 20 minutos contra un hombre que engañar a un animal de la misma especie al año de nacer haciéndole creer que le van a dar de comer para electrocutarlo fulminantemente. O nadie se para a pensar, mientras se come un buen muslo de pollo asado, que el animal ha pasado toda su vida rodeado de 25000 pollos más en una pequeña nave, viviendo en apenas unos centímetros cuadrados, sobrealimentados y con luz día y noche hasta que son finalmente sacrificados.
Hoy Cataluña ha dado un paso más hacia la independencia, por lo que hoy es un día triste para los españoles, y ojo, para la mayoría de los habitantes de Cataluña que no son partidarios del separatismo.
martes, 2 de febrero de 2010
¿Fascismo catalanista?
Todo esto está haciendo que, los que amamos Cataluña gracias a sus playas, su cultura o su gastronomía, y que encima somos del Barça acabemos hasta los mismísimos collons de tanta estupidez lingüística. Y yo me pregunto si este escarnio linguístico tendrá también cabida en, por ejemplo los restaurantes chinos o en los locutorios marroquíes.
Y, puestos a comparar, a poco que removamos la mier...la historia, nos daremos cuenta que, ni siquiera en la época del dictador bajito se cometían tales tropelías contra un idioma que, a diferencia de ahora, sí es oficial.
Y mi pregunta, señor Montilla es...si a mí se me ocurre montar un típico pub inglés y le pongo por nombre, yo que sé..."The Crazy Pig"...me obligará a llamarlo El Porc Boig?? (por cierto, revise y actualice su traductor on-line, que falla más que una escopeta de feria).
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