miércoles, 31 de agosto de 2011

Scottish Liga

Tras la primera jornada de Primera División disputada, parece claro que este año volveremos a tener dos ligas en una: por un lado, la que se disputen entre ellos el Barça y el Real Madrid, y, por otro lado, el resto. De unos años a esta parte, la desigualdad es tan manifiesta que sólo hace echar un ojo a las clasificaciones de los dos últimos años: el Barça, campeón en ambas, sacó al tercero 29 y 25 puntos respectivamente, con el Madrid alcanzando el subcampeonato.

El gran problema de la otrora llamada mejor liga del mundo radica indiscutiblemente en los ingresos de los clubes. Con el actual reparto televisivo, los clubes ricos cada vez van a ser más ricos, y los pobres, más pobres. Dejando a un lado el tirón popular que tienen los dos equipos del primer grupo, que se traduce impepinablemente en mayores ingresos procedentes del merchandising el contrato de las televisiones con la liga estipula que los clubs que más dinero generen sean los que más beneficio obtengan. Éste es el punto más delicado. Si yo fuera un comercial de una empresa que vendiera x, y un compañero vendiera 20x, a nadie le extrañaría que yo cobrara 20 veces menos en concepto de comisiones. Más generas, más ganas. Es la ley de la oferta y la demanda. Pero aplicando esta normativa al fútbol, y más en concreto a la liga española, la consecuencia inmediata es que los dos equipos más grandes cada vez disponen de más dinero para gastar en grandes jugadores, en detrimento del resto, por lo que al final la competición se ve reducida a un duelo entre dos, con el resto de equipos repartiéndose las migajas.

Evidentemente, un partido Barça - Madrid llama bastante más la atención que un Granada - Rayo Vallecano (con todos mis repetos para estos dos clubes, cámbiense sus nombres por cualquiera de los otros 16 equipos de la competición y el resultado es el mismo). Un anunciante verá más rentable invertir 100.000 euros en publicidad en el primero de los partidos que 10.000 en cualquier otro. Pero todo ellos nos lleva a que cada vez la competición sea más aburrida, y que dentro de poco ya ni siquiera llamen la atención los partidos de los dos primeros contra cualquiera del resto de equipos. El ver como un equipo mete sistemáticamente media docena de goles al rival cada jornada acaba cansando.

¿La solución? Es bastante complicado. No se si sería factible establecer en la liga un límite salarial al estilo de lo que se hace en la NBA desde prácticamente sus orígenes. Cada equipo tiene un tope máximo para gastarse en las fichas de sus jugadores, lo que origina que, por ejemplo, en los últimos 9 años haya habido 6 ganadores diferentes en la competición estadounidense. Pero existiría un gran problema, y es que las figuras volarían hacia otras ligas en las que no se estableciera dicho convenio.

Los grandes clubes deberían acceder a renunciar a parte de su pastel televisivo en aras de ganar en competitividad, lo cual probablemente generaría más ingresos en el mercado internacional. Es, de todas formas inaudito que el Madrid o el Barça se lleven 140 millones cada uno y el Athletic de Bilbao, por poner un ejemplo de un grande venido a menos, se lleva 18. Pero claro, cuando durante tiempo te dan medio pastel, es complicado aceptar posteriormente una pequeña porción...

Complicado, muy complicado.

martes, 23 de agosto de 2011

La tontería del Real Madrid no tiene límites

Cada día que pasa reconozco sentirme más afortunado por no ser aficionado al Real Madrid. Su actitud, su política, sus formas, cada vez me parecen más rastreras y mezquinas, intentando conseguir en los despachos lo que no logran en los terrenos de juego.

La penúltima estupidez ha saltado hoy a los medios de comunicación. Tras caer derrotados en la Supercopa, tras los intentos de Marcelo y Pepe de lesionar a quien se les pusiera a tiro, tras meter el dedo en el ojo por parte de su entrenador sobre el segundo del Barça, ahora no se les ocurre una mejor idea que lanzar un comunicado en el cual, shit yourself, little parrot,denuncian provocaciones, vejaciones, insultos y agresiones que tuvieron que soportar los jugadores, cuerpo técnico y demás miembros del banquillo en el terreno de juego y también en el túnel de vestuarios. Y ni se ponen colorados ni nada al soltarlo.

Pero lo más divertido del asunto es que resucitan el tan manido Villarato porque la Real Federación Española de Fútbol ha decidido investigar al traductor portugués tras la patética agresión que realizó en el final del segundo partido. Y todo ello porque la federación ha tomado dicha resolución horas después de que el presidente del FC Barcelona se la reclamase públicamente. E insisto, ni siquiera les da la risa floja.

Y todo esto horas después de que Iker Casillas supuestamente convocara una cena de buen rollito con los internacionales del Barça para limar asperezas. Inaudito.

Dejando al margen que en los últimos enfrentamientos entre ambos clubes siempre han habido agresiones disfrazadas de faltas por parte de los jugadores merengues (seguro que te vienen a la caeza media docena de ellas), hay un hecho más que tangible: Mourinho agrede a Tito Vilanova. Con premeditación, alevosía, nocturnidad, y ante las cámaras de televisión. Éste le responde con un sopapo, evitable, pero a mi entender más que merecido, y aún así también sancionable. El Barça, por medio de su presidente, manifiesta su queja en un acto público, anunciando que quiere dejar pasar el tema, que no van a entrar en denuncias, la Federación actúa de oficio y el Real Madrid acusa a ésta de hacerlo influenciado por el club catalán. Alucinante.

Lo que debería hacer el Madrid es desprenderse de ese bicho malo que ha instaurado, no sólo en el banquillo, sino que prácticamente ya tiene más poder que el presidente y su junta directiva, dejar la galaxia, bajar a la tierra, y con los pies en el suelo intentar recobrar al menos parte de a gran cantidad de estima por parte de aficionados de medio mundo que se ha dejado en el camino desde que el provocador entrenador portugués convirtiera el club en un capricho a su antojo. todos saldríamos ganando, los primeros, los aficionados del Madrid.

viernes, 19 de agosto de 2011

Mourinhismo, una secta peligrosa

Uno de los emblemas de este país, una de las marcas más reconocidas y admiradas en todo el planeta, uno de los clubes de fútbol más admirados y venerados en todos los rincones de los cinco continentes, está a punto de convertirse en la institución más odiada de la historia del deporte, y todo gracias a un personaje que, en poco más de un año ha hecho más daño a unos colores que todos sus enemigos en toda su historia. José Mário dos Santos Mourinho Félix, Mou para sus amigos y enemigos, está a punto de tirar a la basura más de 100 años de historia de una institución como el Real Madrid.

El líder de su propia secta ha hipnotizado a una gran parte de la afición merengue, la cual ya no sabe diferenciar entre el bien y el mal. Está bien lo que el gran gurú dice, está mal todo lo demás. Los Mourinhianos ya no van al Bernabeu a ver un partido de fútbol, van a ver a su líder. Y si su líder se enfada, ellos también. Aunque no tenga razón. Y si hace una gracieta, todos le ríen, y si mete la pata, todos le perdonan, ya que les ha prometido un hueco en la nave que les llevará a la décima Copa de Europa, esa ilusa ilusión de la central lechera mediática, por la cual, si hay que pisar cabezas o meter el dedo en el ojo a los rivales, estará bien visto en aras del engrandecimiento del ego del portugués, y, en un aspecto secundario, que las empleadas de la limpieza de la sala de trofeos madridista tengan otra orejuda a la que quitar el polvo.

Algunos madridistas le han visto las orejas al lobo y reniegan de los métodos del líder, pero una gran mayoría actuarían con él como Belén Esteban por su hija. Gente de todas las edades, niños, jóvenes, adultos y ancianos (éstos en menor medida) se sienten abducidos por su gurú, que nunca tiene culpa de nada de lo que pasa, y que induce a sus acólitos a pensar que todo el mundo está en contra de ellos, que todo es una conjura para evitar que el Real Madrid domine el mundo. Y para lograr el objetivo, todo vale. Recordemos en este punto una estrofa del himno del club:

Enemigo en la contienda,
cuando pierde da la mano
sin envidias ni rencores,
como bueno y fiel hermano.


Todo eso se acabó. Cuando pierde, ya no da la mano, sino que se esconde en su vestuario. Cuando pierde, la culpa siempre la tienen otros. Cuando pierde, es Villar, o la FIFA, o la UEFA, o el Santo Padre el culpable. Ahora ya todo son envidias y rencores, llegando a abducir a tipos tan en otro tiempo sensatos como Iker Casillas, el cual cada vez que últimamente abre la boca se mea fuera del tiesto. Ha conseguido que jugadores de una misma selección, de la vigente campeona del mundo, tengan roces contínuos y se tiren los trastos a la cabeza los unos a los otros. Ha conseguido que gente tan discreta como el capitán del Barça, Xavi, pierda los papeles y declare y reconozca públicamente lo que muchos sentimos, que la actitud del Madrid es patética.

El Real Madrid tiene un serio problema. Un cáncer en forma de entrenador portugués se ha colado en su organismo, y está poco a poco devorando el club. Y, como no actúe la directiva rápidamente, todo va a ir a peor, y es probable que se convierta en un enfermo terminal. No puede permitir, por respeto a su afición, que una lacra así acabe con la historia y el reconocimiento que tiene un club centenario. Y, de momento, la directiva calla, luego otorga. Y cuando la noticia después de la final de una Supercopa no es el triunfo de uno de los dos equipos, sino que en entrenador de uno de ellos le ha metido el dedo en el ojo al segundo del rival, lo ha ninguneado en rueda de prensa y ha hecho ademán de pisar la cabeza de un jugador tendido en el suelo después de una entrada criminal de uno de sus secuaces, es que algo no funciona.

Por el bien del madridismo, por el bien del fútbol español, por el sentido común, Mourinho fuera del Madrid.

martes, 16 de agosto de 2011

¿Crisis de comentaristas deportivos?

Estos últimos días hemos asistido en televisión al arranque de las retransmisiones de fútbol y baloncesto en La Primera y La Sexta respectivamente, por un lado con la Supercopa de España, y por el otro, con los partidos de preparación del Europeo de la selección de baloncesto. Y hay un hecho que las equipara bajo mi punto de vista: la horripilante narración por parte de los comentaristas en ambas.

No hay química en La Sexta


La terna de comentaristas que presentó La Sexta en los partidos de la selección es de aquellas que pueden llegar a desesperarte. Cierto es que la sombra del desaparecido Andrés Montes es alargada, podía gustar más o menos, pero daba un aire fresco a todo lo que hacía. La fórmula elegida es la clásica en casi todos los deportes últimamente, es decir, un comentarista y dos analistas. Además, en la cadena de Milikito procuran poner también cierta dosis de humor. Como cabeza visible, Mel Otero, que, como muy bien apunta el diario El Economista se ha convertido en el equivalente a JJ Santos en el mundo de la canasta. Ciertamente, no dudo de sus conocimientos acerca del baloncesto, pero otra cosa muy distinta es saber plasmarlos. Y el bueno de Mel comete fallos de principiante, comete errores de reglamento, con comentarios a destiempo que, a los que conocemos un poco todo este mundillo, nos sacan de nuestras casillas.

Pero es que los dos analistas no se quedan atrás. Y eso que son dos tipos enormemente conocedores del baloncesto, cada uno desde su punto de vista. Por un lado Ramón Trecet, probablemente una de las personas que más sepa de baloncesto de este país, y el auténtico precursor del estilo Montes, cuando pasa a un segundo plano (tercero, más bien) se queda en agua de borrajas. Fue él quien metió el gusanillo por la NBA a cientos de miles de personas en este país, con su estilo diferente de narrar los partidos, pero el papel de triste segundón no le pega ni con cola. Comentarios insulsos y a destiempo, en ocasiones intenta ponerse a la altura humorística de nuestro tercer protagonista, Juanma López Iturriaga, aquel excelso palomero del Real Madrid y de la Selección, quien tras retirarse explotó su bis cómica en televisión. Entre los tres forman un amasijo dificil de tragar. Parecen competir entre ellos, se pisan los unos a los otros, confundiendo al espectador neófito, y haciendo que los que sabemos de qué va esto quitemos directamente el volumen de la tele.

El eurobasket son muchos partidos, y puede convertirse en un calvario para la afición, y en un agujero económico para la cadena, que corre el riesgo de perder espectadores. Yo mismamente no descarto ver los partidos por ESPN o por cualquier canal de deportes vía internet, aunque los comentarios sean en chino.

TVE pone a un forofo como analista futbolero


Por otro lado, el domingo asistimos al primer partido de la Supercopa de España entre el Real Madrid y el Barça. Televisión Española, en su afán de equilibrio e igualdad en los comentarios, escogió como analistas a Manolo Sanchís por parte del equipo merengue y a Gerard López por el lado culé. Al frente, el equánime aunque más soso que el pan sin sal Juan Carlos Rivero. Aquí el problema no fue el hecho de que se pisaran los unos a los otros, porque en TVE parece ser que entrenan mejor estas cosas. El gran problema sucede cuando uno de los analistases más merengue que Florentino, Tomás Roncero y Di Stéfano juntos. El término imparcialidad le es totalmente desconocido al exjugador del Madrid Manolo Sanchís hijo. Está tan embelesado como la mayoría de la afición medridista por Mourinho que su sinrazón no le permite ver la realidad. Aunque vea una jugada repetida 14 veces, es incapaz de quitarse la camiseta blanca para dar su opinión, actuando bajo la máxima: si Mourinho protesta, es que el árbitro se ha equivocado. Y punto en boca.

Hasta forofos reconocidos como el exdirector de Marca Eduraro Inda y su secuaz José Vicente Hernáez fueron capaces de ver, por ejemplo, el clarísimo penalty de Marcelo a Pedro a poco del final, cosa que Sanchís, escudándose en que miraba a otro lado cuando TVE ofreció las repeticiones de la jugada, no quiso reconocer hasta que casi se vio forzado por sus compañeros. Sólo él y otros dos periodistas con anteojeras merengues como Tomás Guash y Tomás Roncero fueron incapaces de ver las cosas con claridad. A la afición del Madrid, sobre todo a la que asiste al Bernabeu, la puedo llegar a entender: están himnotizados por el portugués que siempre se pregunta por qué, y cuando hay una jugada polémica no reaccionan hasta ver cómo lo hace Mou. Si protesta, le siguen cual acólitos.

Si es este el panorama que se nos presenta esta temporada, vamos dados. Afortunadamente, en la era de internet, todo tiene solución. Aunque el comentarista hable en búlgaro. Seguro que no dice tanta tontería seguida.